Hace tiempo que sigo las aventuras y los viajes fotográficos de Álvaro Sanz de Expedición Polar, con el firme deseo de algún día poder unirme a él y sus alumnos, para poder aprender y vivir la fotografía como comunidad no como actividad solitaria. Siempre que propone un proyecto, viaje o una actividad se percibe que va a suceder algo de magia. Y uno de estos proyectos es el #despiertafoto.

Cuando hace un par de años, me enteré de que un montón de apasionados de fotografía y amantes de la luz se ponían de acuerdo para madrugar el mismo día e ir a capturar los primeros rayos de sol, me quedé medio embobada, y a la vez pensé: muy valientes, pero yo no se si puedo hacer esto (negatividad MODE ON). Y de hecho esta es la razón por la que he dejado pasar la oportunidad ya unas cuantas veces: he dejado vencer mi miedo y pereza frente a la fuerza de voluntad.

Este año, en cuanto me enteré, me guardé el enlace para poder volver a verlo con mas calma, porque me dije: no me lo voy a perder. Confieso que también es mérito de este blog. Tener el compromiso de actualizarlo regolarmente, me “obliga” a tomarme en serio también mi gran pasión abandonada, la fotografía.

Así que la noche anterior le comenté a mi pareja que iba a poner el despertador a las 5 de la madrugada para salir a ver el sol. Él me miró ojiplático y me preguntó: ¿estás segura que vas a poder levantarte tan pronto? Yo pensé y le contesté: es un desafío grande, y lo voy a cumplir para demostrarme a mi misma que SI QUIERO PUEDO. Ya verás como no cuesta nada madrugar por algo que emociona y hace realmente ilusión. ¡Igualito que cuando toca el despertador un lunes para ir a trabajar¡

Y efectivamente, así fue. Tocó la alarma, me desperté en seguida, me vestí rápido, bebí un vaso de agua y salí a la calle. Aproveché que estaba en casa de mis suegros, que viven en una urbanización a las afueras de Madrid, donde hay unas vistas preciosas, y me fui andando con calma, a buscar el sitio idoneo para poderme sentar y disfrutar. Me descargué una app con una brújula para ir hacía el este, pero en realidad no hizo falta. Simplemente tuve que dirigirme hacía el lado donde empezaba a clarear. El paseo fue largo, porqué di un par de vueltas más para ver si desde un campo de trigo que hay allí tendría buenas vistas, y como vi que no, fui andando hacía un mirador, donde sabía que no iba a fallar.

El paseo fue largo y agradable. El silencio y el fresco de la mañana fueron mis compañeros de aventura y los disfruté un montón. Llegué a mi destino en perfecto horario, y pude disfrutar de unas vistas impresionantes de color rosa/dorado. Hice varias pruebas con el auto disparador, para incluirme en la escena y aquí está el resultado.

Espero que a través de mi mirada puedas percibir la magia que he respirado dando la bienvenida al primer día de verano. Lo mejor de todo sin duda ha sido saber que no estaba sola: junto a mi había cientos de locos marugadores dispersos por varios puntos de España y del mundo apoyándonos y haciéndonos compañía a través de las redes sociales (el inventazo más grande de nuestra época), hablando y conociéndonos a través de Instagram, donde cada uno de nosotros compartía su making of (puedes ver el mio aquí). He vuelto a casa con una satisfacción inmensa por dos razones:

1

He conseguido ser fuerte en no volver a dormir, cuando podría haberlo hecho y nadie me hubiese regañado. Me he sentido orgullosa de mi misma.

2

Haber rechazado la tentación de la cama me ha permitido realizar este deseo que tenía desde hace tiempo, que es el de fotografiar en solitario (ya que normalmente estoy acompañada de gente no apasionada como yo y no lo disfruto del todo) y viendo el amanecer.

Si has llegado hasta aquí, quiere decir que te han entrado las ganas de participar en el próximo #despiertafoto. Si es así te animo a hacerlo, ¡es sencillamente maravilloso!